Hélène Grimaud: más allá del piano
Cuando oí por primera vez el disco Water (2016) de Hélène Grimaud, una pianista francesa desconocida para mí y de una belleza increíble, supe que estaba frente a un fenómeno muy especial. Ese álbum no solo contenía unas interpretaciones en vivo de un pot-pourri de obras o más bien de partes de obras de varios compositores que rara vez uno asocia de primera mano, sino que las interpretaciones eran realmente exquisitas, muy acuáticas, cosa que me encanta del piano cuando se logra, y las obras estaban separadas por unos intermedios, llamados transiciones en el disco, de otro género, compuestos e interpretados especialmente por un tal Nitin Sawhney, parece que una especie de celebridad de música electrónica. Qué discazo, también es de esos de llevarse a la isla desierta.
DESCUBRIENDO UN BEST OF LLAMADO WATER
Es extraño que me hubiera atrapado tanto este disco por varias razones. Primero, se trata de un disco muy contemplativo, y entonces llegué a la conclusión que con la edad estaba empezando a apreciar más el sonido, la intención, la profundidad, etc. y no tanto las acrobacias digitales. Por otro lado, siempre he estado en contra de exponer partes de obras completas, como solo algún movimiento o cosas de esas. Odio los discos « best of » en los que nada está completo para mí. Y eso en otros géneros también. Qué tal solo haber oído Eclipse del disco de Pink Floyd The Dark Side of the Moon sin haber oído inmediatamente antes por lo menos Any Colour you Like y Brain Damage? O en el disco The Wall de Pink Floyd oír Another brick in the Wall pt.2 sin haber oído inmediatamente antes The happiest days of our lives? Entonces caí en cuenta de la diferencia entre un disco tipo best of hecho por la disquera, en general seleccionando tracks de discos pasados, y un disco best of hecho por el artista. En el caso del disco Water de Hélène Grimaud, se trata claramente del segundo caso.
Por otro lado, mezclar géneros en un solo disco es un poco arriesgado y diría que pocas veces sale bien. Pero en Water, en realidad no se trata de mezclar géneros como tal, sino de generar transiciones, o preparar al oyente a la obra siguiente, mediante intermedios musicales, que en mi opinión resultan refrescantes. Pero efectivamente podrían no parecer esenciales para el disco.
SIGLO 20 CAMBALACHE, PROBLEMÁTICO Y FEBRIL
Lo otro que sorprende es el programa. No es el típico disco de encores, ni un best of hecho para gustar, sino que se trata de un programa bien particular, que empieza con Wasserklavier, una pieza exquisita de Luciano Berio que recuerda algo a Brahms y Schubert, y que se aleja de lo que uno se imagina que pudo haber compuesto el vanguardista y pionero de música electrónica que fue Berio, quien murió en 2003. Es una pieza tremendamente acuática, muy tonal, muy digerible, perfecta para el comienzo del disco. Además creo que es un guiño empezar con esta pieza el disco al que invita a otro artista de música electrónica como Sawhney, o viceversa más bien. La transición luego de esta pieza y antes de la siguiente es muy natural, no se oye como un parche, al contrario de lo que uno podría pensar.
Luego de la primera transición sigue una pieza de Toru Takemitsu. Sorprende nuevamente la belleza y sobriedad de esta pieza escrita por este compositor japonés del siglo 20, aún más al saber que fue la última pieza para piano que compuso, y que se la dedicó a Messiaen tras la muerte del compositor francés en 1992.
El resto del disco no es tan sorprendente, con obras de compositores menos modernos quienes vivieron antes de 1930, como Fauré, Ravel, Debussy, Liszt, Albeniz y Janacek. La calidad de las interpretaciones es excepcional, el orden y las transiciones son de una elegancia poco común, y la respiración de Grimaud no solo recuerda que es en vivo sino que nos informa sobre una pianista que parece darlo todo, estando realmente inmersa en la música. Rara vez he oído estas piezas de Ravel y Fauré tan bien tocadas, con esa agilidad tan poco demostrativa. Además el tema del agua sigue de principio a fin, cosa que no deja de atraerme. Un discazo!
UNA FRANCESA EN DRESDEN
Luego de este disco me quedó claro que no solo se trataba de una cara bonita ni de un fenómeno puramente comercial, y que además parecía una artista comprometida con alguna causa, en este caso nada menos que el agua. Empecé a interesarme por el resto de su discografía para Deutsche Grammophone, disquera con la que graba desde 2002 bajo contrato de exclusividad. Descubrí unos discazos que confirmaban la calidad que había descubierto en Water.
Entre los discos que me marcaron está el de Beethoven publicado en 2006, con el concierto para piano número 5 acompañada por Jurowski dirigiendo la Staatskapelle de Dresden y la sonata número 28.
Desde hace años tengo la mejor opinión de la Staatskapelle de Dresden, como una orquesta con un sonido muy especial, un poco rústico tal vez, y con gran calidad y tradición. Esta opinión tuvo su génesis al descubrir el ciclo de sinfonías de Bruckner por Jochum al frente de esta orquesta, para mí un ciclo de referencia, tal vez el mejor que conozco. Que Hélène hubiera grabado con ellos, de entrada me dejaba la mejor impresión, y pues la calidad de la grabación lo confirma ampliamente. Un sonido exquisito, además del virtuosismo de Grimaud ante tremendo monumento que es el quinto de Beethoven. Hay algo en esta grabación que siempre me ha gustado: el sonido es impecable, pero también se trata del carácter, como si le hubieran quitado ese peso en las notas, que muchas veces se oye, para lograr algo más aéreo. Por otro lado, el equilibrio entre piano y orquesta está muy bien logrado, la reverberación es exquisita y muy natural, los cobres, una de las marcas de esta orquesta, son extremadamente elegantes, no chocan, casi como si se tratara de maderas, algo típico de las mejores orquestas alemanas, pero que brilla aún más en la de Dresden.
LAS OTRAS DOS Bs SAGRADAS
Otro disco que me marcó bastante fue el de Bach (2008). Sin embargo, aparte de uno de los conciertos para piano, Grimaud presenta cosas sueltas de ambos libros de El clave bien temperado y algunas transcripciones. Todo suena muy bien y fue lo que me atrapó en su momento, pero el hecho de que presente unas pocas cosas de una obra tan extensa como El clave bien temperado, que suele tomar entre 3 (Ashkenazy) y 5 (Barenboim) CDs para ambos libros, a la larga me desilusionó. De Bach no ha vuelto a grabar nada más, lástima.
Otro disco que me marcó mucho fue el de 2012 con los dos conciertos para piano de Brahms acompañada por dos orquestas de primer orden dirigidas por Andris Nelsons. Discazo también.
Parece que Hélène fue muy cercana al concierto no.1, pero nunca había abordado el segundo, teniendo que aprenderlo en corto tiempo porque le parecía inconcebible grabar solo el primero, al considerar que el segundo representa la verdadera síntesis de la obra de Brahms. Ella cuenta con risa que en ese momento por fin entendió lo que alguna vez le había dicho Daniel Barenboim como consejo de pianista senior a junior: la mejor estrategia es aprender la mayor parte del repertorio antes de los 25 años porque después se complica. Con ese disco además me enteré de la cercanía de Hélène Grimaud y Brahms. En una entrevista ella decía que por ser francesa, todo su entorno la impulsaba a dedicarse y grabar Chopin, pero que ella quería dedicarse a estructuras de mayor envergadura como la música de Brahms, aunque no es que desprecie la música de Chopin, al contrario su disco de 2005 en que combina la famosa sonata no.2 de Chopin con la sonata no.2 de Rachmaninov es excelente. Pero definitivamente Brahms es algo aparte para Hélène.
Otro de los grandes discos de Hélène Grimaud es Reflection (2005) con una interpretación escalofriante del concierto para piano de Schumann, uno de los grandísimos conciertos para piano de la historia. En ese disco también la acompaña La Staatskapelle Dresden pero con Esa-Pekka Salonen al mando. Gran disco, en el que mezcla ese concierto con dos canciones de Clara Schumann y la sonata no.1 para piano y cello y piezas cortas de Brahms.
MÁS MEZCLAS
En algún momento leí un libro que escribió Hélène Grimaud, un poco fantástico, llamado Retour à Salem en el que encuentra un anticuario en Hamburgo (ciudad natal de Brahms) y descubre un manuscrito firmado por Karl Wurth, seudónimo utilizado por Brahms, en el que relata una serie de situaciones y aventuras fantasiosas que a la larga se vuelven mensajes ecologistas.
Este libro, que no es el único que ha escrito, no es bueno aunque me lo leí completo. Con él me di cuenta de dos facetas más de Grimaud: la escritora y la ecologista, además de comprobar su obsesión por Brahms. Me enteré entonces que había creado un centro de protección de lobos, el Wolf Conservation Center en NY. Todo esto me parece muy poco común para una pianista clásica. Además no disque era francesa? Que hace con un Centro de protección en NY? En fin, me cuesta trabajo imaginarme el ritmo de vida que tiene. Luego supe que se trasladó permanentemente a Estados Unidos desde muy joven, no por obligación sino por decisión, pero sin una razón concreta sino como parte de su exploración del mundo, aunque según dice le fascina la ciudad de NY.
Me terminé devorando toda la colección DG. Aparte de los que ya mencioné, me impresionaron discos como Credo (2002), en el que mezcla obras de Corigliano, Beethoven y Pärt, o su exquisito Mozart de 2010 en discos como Resonances (esa sonata #8 !) y Mozart.
Luego traté de conseguir lo que había grabado antes para Denon, Erato y Teldec, además de seguir de cerca los discos que iba publicando luego de Water.
SILVESTROV Y EL COLOR
Algunos discos no me parecieron memorables como Duo (2012), acompañando a la cellista argentina Sol Gabetta, o Memory (2018), que parece que se planeó como la continuación natural de Water, pero resulta no tan bien logrado, aunque debo reconocer cosas muy buenas de Silvestrov y su incursión a obras de Satie, cuya interpretación le da mucha altura a esas cortas piezas.
En ese momento no sabía quién era ese tal Silvestrov: era la primera vez que oía mencionar este compositor ucraniano nacido en 1937 y que parecía que aún vivía. Por otro lado un disco publicado en plena pandemia The Messenger (2020) me pareció un discazo, no solo porque contiene mi concierto preferido para piano de Mozart (no.20, objeto de una de las entradas de este blog) y que toca exquisito dirigiendo desde el piano, sino porque tiene piezas increíbles nuevamente de Silvestrov.
Parece que Grimaud se obsesionó con la música de Silvestrov porque en 2023 volvió a grabar pero esta vez todo un disco dedicado a este compositor: se trata del disco titulado Silent Songs, en el que Grimaud acompaña al barítono alemán Konstantin Krimmel.
Luego de ese viaje de 3 discos seguidos visitando piezas cortas y canciones de Silvestrov, en ese mismo año 2023 volvió a sus dos grandes amores con el disco For Clara, con obras de Schumann (nada menos que la Kreisleriana, que ya había grabado para Denon) y Brahms por supuesto.
Entre tanto me interesé también por los videos. Ahí descubrí a una Hélène Grimaud como una pianista de una extrema concentración y seriedad, con una forma de respirar poco común, pero que además casi siempre parecía en trance y con un gesto de dolor cambiante visible en su frente.
Averiguando un poco más, me enteré que Hélène Grimaud tiene cromotesia, un tipo de sinestecia que la hace percibir colores cuando oye música, así como otros famosos como Scriabin, Rimsky-Korsakov, Liszt y también de otros géneros como Duke Ellington. También me llamó la atención la poca importancia que le daba a su imagen, sin maquillaje visible ni ropa elegante ni llamativa, incluso un poco dejada en algunos videos, muy en línea con una personalidad retraída y poco demostrativa.
LA BELLEZA Y EL TIEMPO
De las portadas de los discos y por tratarse de una mujer tan bella, yo me imaginaba que explotaba otra imagen completamente diferente. Por ahí oí una entrevista que en su natal Aix en Provence nunca fue la típica niñita de las muñecas, sino que se la pasaba callejeando y haciendo cosas de niños, tal vez hasta que a los 12 años ingresó al conservatorio de Marsella y poco tiempo después al de París en el que se graduó 3 años después, ya habiendo grabado su primer disco un poco antes (cuando tenía 15 años) para el sello japonés Denon, con obras de Rachmaninov.
Hoy, a sus 56 años, Hélène Grimaud sigue siendo una de las figuras mayores del piano mundial, y esperemos que por muchos años más. Con ningún artista en realidad se sabe muy bien cuál será su próximo proyecto discográfico, pero con Hélène Grimaud creo que es aún más incierto. En una entrevista, Hélène confesaba que siempre le atrajo el hecho de grabar, que le fascinaba desde el silencio hasta las luces rojas del estudio. Esto sorprende porque a juzgar por el número y frecuencia de discos no parece que fuera así. Por ejemplo, como buen coleccionista extraño un poco de Hélène que no grabe ciclos completos, así sean relativamente pequeños, como por ejemplo los cinco conciertos para piano de Beethoven. Creo que no tiene tanto tiempo y que por eso sus últimos discos son como conceptuales, girando alrededor de un tema o una idea, como Water o Memory. Y creo que es una lástima, aunque ha tratado de darle coherencia a cada disco, armando una historia o encontrando cosas afines entre obras.
























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