Nocturnos

Chopin es como el cerdo: todo es bueno”. No estoy tan de acuerdo con esta famosa frase del pianista francés Samson François, a quien adoro en bastantes obras pero en particular en Chopin. Y no estoy tan de acuerdo porque cuando a uno le dicen que todo le gusta de algo uno empieza a sospechar: será que es más bien que nada le gusta lo suficiente? Y por otro lado, esta frase puede ser reduccionista, sobre todo para Chopin que tiene unas cosas muy por encima que otras, siendo cierto que todo lo que hizo, que no fue muchísimo, fue de muy alta calidad en general. Más bien diría que nada es malo en Chopin. Pero claro, esta rock star del piano que era François pues no iba a salir con una frasesita cualquiera, sino con una que diera de qué hablar. Explico un poco:


CHOPIN BAILABLE

Chopin se caracteriza mucho por haber compuesto danzas tradicionales polacas como mazurkas y polonesas. También compuso varios valses. Esta es la faceta que menos me gusta de Chopin, pero que literalmente enmarca toda su vida como compositor: lo primero que compuso fue una polonesa, a los 7 años, y lo último fue una mazurka, que dejó incompleta. De estas danzas lo que menos me gusta son las mazurkas, y compuso casi 60! Hay sin embargo algunas polonesas que me gustan mucho, como la no.6 conocida como la heroica. 

La idea de darle las letras de nobleza a música tradicional o folclórica, en este caso polaca, ha atraído a varios compositores clásicos a lo largo de la historia. Pero admito que no soy fan de esta práctica, me parece un poco de mal gusto y lo que prefiero es lo que hizo por ejemplo Astor Piazzolla con el tango, que fue hacer evolucionar el género pero sin disfrazarlo de música clásica.



LO MEJOR DE CHOPIN

Aparte de estas danzas, todo lo otro que compuso Chopin es realmente fuera de serie. Los dos conciertos para piano y orquesta son increíbles, de mis conciertos para piano preferidos, sobre todo el primero. Ni hablar de las 4 baladas, los 4 impromptus y las 3 sonatas. Los 4 scherzos y los 27 estudios son un derroche de virtuosismo impresionante: el revolucionario es de mis piezas favoritas de todos los tiempos, incluso la increíble versión salsa en Sonido Bestial de Richie Ray y Bobby Cruz. Para este tipo de composiciones una vez vi a Lang Lang en una entrevista diciendo que la gente piensa erróneamente que Liszt es el difícil, el técnicamente retador, el virtuoso etc. y que Chopin es el light, el bonito y romántico pero sin virtuosismo. Pues los estudios demuestran claramente que no es así, y al contrario Chopin mostró que se podían componer estudios pero sin dejar de lado la parte estética. Otro ejemplo son los 24 preludios, que me parecen como de otro planeta desde que los oí tocados por Seong-Jin Cho en la grabación del concurso Chopin 2015. Pero, al otro lado del espectro, el caso de los 21 nocturnos es muy especial. No tengo ninguna razón concreta que explique que es de lo que más adoro de Chopin. Acepto que a algunos le parecerán aburridos o sin gracia. A mí me mueven mucho, tal vez porque no son claramente canciones sin palabras como las de Mendelssohn, sino los veo como algo profundo, pero con gran estética y sencillez, como sin pretensiones.


A raíz de una escucha a ciegas de radio Francia empecé a interesarme en comparar mi versión de referencia de los nocturnos de Chopin con otras versiones muy reputadas de estas obras. 


Siempre me había encantado la versión de los nocturnos por Barenboim, pero en realidad no sabía por qué, simplemente me gustaba y era mi versión de referencia, aún siendo muy consciente que Barenboim no es un chopiniano confirmado. Varios, incluso en estas páginas, me habían mencionado la versión de Claudio Arrau y pues no estaba cerrado a conocer otras versiones. Aprecio mucho la de Pollini, la de Maria João Pires y varias otras. En esa escucha a ciegas se seleccionan seis versiones iniciales de la obra y se van descartando de a dos o de a una versión hasta llegar a la mejor. En esa ocasión ganó Arrau, seguido por Pires y también no tan lejos estaba Pollini; el resto no me acuerdo qué pianistas eran. El punto es que me da mucha curiosidad de saber por qué mi versión de referencia no figuraba en esa escucha a ciegas y qué tan buena, mala o diferente es, en comparación con esas otras versiones reputadas. Organicé mi propia escucha no tan a ciegas porque yo mismo hago la playlist y aproveché la última edición de algunos de los nocturnos tocados por Barenboim que publicaron recientemente y que gracias al blog de Fernando López Vargas-Machuca me enteré de que el sonido había sido remasterizado y que había mejorado sustancialmente. Y es verdad: el sonido de esta nueva edición mejoró bastante en comparación con la versión que contiene todos los nocturnos y que era la que yo conocía hacía muchos años. 

Aparte de Barenboim, que no podía faltar, seleccioné las versiones de Arrau y Rubinstein que también me encantan y que conocía desde hacía años. Adicioné otras que no conocía como la de Fazil Say, también estaba la de Maria João Pires, la de Jan Lisiecki, la de Nelson Goerner, la de Kun-Woo Paik, la de Pollini y la de Fou Ts’ong. 




Esas fueron mis versiones que pude oír una después de la otra. Para la escucha seleccioné los primeros dos nocturnos que aparecen en esa nueva edición de Barenboim, se trata del número dos del Opus 9 y del número uno del Opus 15. 



NÚMERO 2 DEL OPUS 9 Y NÚMERO 1 DEL OPUS 15

Lo primero que puedo decir es que el sonido del piano de Barenboim en esta nueva edición es mucho más brillante, mucho más presente, los bajos se oyen mucho más y los agudos permanecen. En efecto es una versión muy mejorada en cuanto al sonido en comparación con la edición inicial que yo conocía de hace años. Lo segundo es sobre los agudos que también me llamó la atención y es ese sonido que Barenboim hace durar en las notas altas y que al final se oye como un viento. Esto me parece esencial para los nocturnos. Eso lo tienen otros pianistas con los que lo comparé pero definitivamente en esta nueva edición se hace mucho más evidente. Por otro lado, los matices de Barenboim son realmente increíbles. Son unos crescendos muy naturales y los contrastes entre piano y forte nunca chocan. Los tempos en la versión de Barenboim también son para resaltar, siendo realmente el pianista que considero más acertado en los tempos, incluyendo sus discos como director. Acá vuelve a demostrar el gran sentido de los tempos que tiene con una gran flexibilidad pero sin traicionar ni las figuras rítmicas ni la duración general de las notas. Finalmente, Barenboim intenta hacer algo interesante con la mano izquierda, no se contenta con dejarle el rol secundario de acompañante. Esto es algo que no había detectado conscientemente. Esto por supuesto complejiza la escucha de manera bien importante, crea unas dimensiones adicionales, puede no ser tan cómoda como con otras versiones. En su grabación, la mano izquierda no es tan presente, no es tan fuerte, no tiene un sonido tan alto comparado con la mano derecha, y en comparación con otras versiones, pero a pesar de esto, y gracias a esto, es increíblemente equilibrada y no se deja llevar por su propio desarrollo. 


Hay otras versiones que se acercan un poco a este enfoque bien particular como la de Pires y tal vez la de Fou Ts’ong. Pires además tiene un enfoque hiperestético, con un gran sonido y unas transiciones piano/forte muy naturales. Es sin duda una gran versión, aunque algo rosada para mi gusto, tal vez por el uso del pedal. La grabación de Pollini deja claro que tal vez no se trata de un repertorio adaptado para él, con bastante indiferencia por los motivos. La versión de Fazil Say me sorprendió enormemente porque al tratar de hacer algo original cambia el sentido de la obra por completo, incluso introduce unas notas que ninguna otra versión tiene, y cambia las figuras rítmicas de la mano izquierda. Se permite esos cambios que a la larga no me molestan pero que resultan desafortunados y tal vez de mal gusto. Acá Fazil creo que saca a relucir un poco su lado jazz. No me disgusta, pero creo que está fuera de categoría y no debería ser comparado con las otras versiones. Otro que me sorprendió fue la versión de Arrau, quien tiene unos matices, unos ataques forte para cambiar de matices que realmente me molestan por lo agresivos. Hay como una especie de descontrol en esos ataques que me dejan un poco desconcertado y no son tan agradables de oír y pues les falta un poco el equilibrio al cual estaba acostumbrado con la de Barenboim. Adicionalmente encuentro los tempos un poco lentos. Una versión que consideraba de altísimo nivel hasta ahora era la de Rubinstein, pero en este ejercicio me di cuenta del sonido tan seco del piano de Rubinstein y de lo poco interesante y monótono de la mano izquierda.


En el número 1 del opus 15 encuentro exactamente las mismas características. Acá el pasaje medio es lo más interesante y lo que más diferencia las versiones de los diferentes pianistas. Barenboim propone algo menos explosivo que todos los otros, creando un continuo más natural entre el pasaje medio y los pasajes iniciales y finales. Sorprende mucho que los tempos de los dos pasajes extremos son muy similares, cosa que no es fácil de lograr por la influencia del pasaje intermedio. También es de resaltar la claridad del pasaje intermedio, en el que en otras versiones se oye algo muy difuso y borroso. Barenboim cuida mucho eso. La otra característica es que los pasajes inicial y final tienen unos tempos mucho más rápidos que para las otras versiones. En cambio el pasaje intermedio es mucho más lento que para todas las otras.


NÚMERO 1 DEL OPUS 9

Habiendo completado el ejercicio, y ya al final de la edición para publicar esta entrada, no aguanté las ganas de hacer una escucha a ciegas para el primer nocturno del opus 9, que es mi preferido. Acá el ejercicio fue más serio en cuanto a la cantidad de pianistas comparados y la metodología, que consistía no solo en sacar algunas características generales de cada grabación, sino que ponía una nota de 0 a 10 y anotaba cuáles eran las características positivas y cuales las negativas sobre el pasaje inicial y el intermedio, antes de ver de qué pianista se trataba. 


En total comparé 22 grabaciones. La grabación que obtuvo la nota más alta (10), sin ningún punto negativo anotado fue la de Samson François. Quedé convencido que es así como debe tocarse el primer nocturno de Chopin. Un verdadero poeta de Chopin. Es de las pocas grabaciones en que se evidencia la voluntad de querer contar una historia, para lo cual tanto los tempos como los apoyos y los cambios de tempo se hacen esenciales. En este nocturno es característico la figura de las cuatro notas repetidas, figura que se retoma varias veces durante la obra: François utiliza algo que en ninguna otra grabación es tan evidente, que consiste en hacer un crescendo en las tres primeras notas y un piano súbito en la última luego de una especie de pausa. Esto le da un carácter totalmente diferente, y especial, a la pieza. Varios pianistas lo que hacen es cuatro notas exactamente iguales sin ninguna pausa o en el mejor de los casos un crescendo de la primera a la última con una pequeña pausa antes de la última. Finalmente, Samson François hace algo que pocos de los otros pianistas hacen y es una especie de pérdida de cordura en el pasaje intermedio, como si perdiera la cabeza, pero lo hace muy controlado, sin dejar de lado el objetivo que es contar la historia. Esto recuerda mucho al andantino de la sonata D959 de Schubert, justamente en su sección intermedia también. 




Daniel Barenboim obtuvo 9. Como siempre en Barenboim los tempos son perfectos, las matices y los cambios. Logra contrastes muy grandes pero las transiciones son extremadamente sutiles. En la sección intermedia también propone algo de locura pero lo hace de manera extremadamente elegante, a pesar de algunas notas muy bruscas, que estoy seguro se inspiró de Arrau. Para las famosas cuatro notas, tiene un enfoque híbrido entre un crescendo continuo y al final algo parecido a lo que propone François.

A la otra orilla de la grabación de Barenboim, me encontré con una grata sorpresa: la grabación de François-Frederic Guy. Qué versión! La locura sin límites, la libertad, la expresión y la poesía son muy extremas. Yo creo que a la larga eso era lo que perseguía Samson François pero su adoctrinamiento hasta el punto de recibir bofetada de su profesora Marguerite Long le impedía salirse tanto de lo estipulado. Qué versión la de Guy! El único punto débil son algunos ataques agresivos al estilo de Arrau, pero por lo demás vale mucho la pena.


Inicialmente la propuesta de Valentina Lisitsa no me gustó para nada, encontrándola extremadamente kitsch, pero luego empecé a apreciar el sonido y su voluntad de contar una historia con mucha poesía. Lo que me molesta es que casi convierte este nocturno en un valse! Eso es lo kitsch, y de ahí el 9.


Hay varias versiones que obtuvieron 8. La de Pires excelente con unos cambios de tempo impecables y una gran imaginación, a pesar del sonido, de cierta monotonía de la mano izquierda y de algunas notas muy bruscas. La de Rubinstein no me convence en especial por el tempo rápido que propone aunque su mano izquierda es interesante y los cambios que propone, pero no cuenta realmente una historia y no alcanza la locura en la sección intermedia que alcanzaba en grabaciones anteriores. Arrau peca por notas extremadamente bruscas, no se esfuerza por transiciones, lástima porque en cuanto a los apoyos, los cambios de tempo y la locura es una versión de referencia. El sonido de Cziffra me sorprendió mucho por su delgadez y no propone nada interesante para las famosas cuatro notas repetidas, aún cuando le reconozco la elegancia, los apoyos y cambios y la voluntad de crear una historia. Esta versión es cercana a la de Fliter, pero la de Fliter tiene un mucho mejor sonido aunque podría parecer algo monótona. 





Varias versiones obtuvieron 6 ó 7. En particular se resalta la falta de imaginación (Ashkenazy), la indiferencia, monotonía o aburrimiento (Hewitt, Goerner, Pollini, Li, Paik), problemas de transiciones o agresividad (Richter, Ohlsson) o problemas de tempo oscilando entre la lentitud muy honesta y creíble de Richter y Bolet y el valse artificial de Hough.




Finalmente, hay versiones con 5, como la de Freire tanto desbalanceada como indiferente, la de Leonskaja plana, sin historia y aburrida, la de Planes con un sonido que deja mucho que desear y un lado pop en la sección intermedia, parecido en ese sentido a la de Hough.




Una mención especial para la versión de Fazil Say, que obtuvo la nota más baja (4) por su tempo de valse casi cómico, su carácter de caja de música, lo aburrido de la mano izquierda y la exagerada reverberación del sonido. Una versión aparte que podría tomarse como una burla a los nocturnos si no fuera por su voluntad de contar una historia, marca propia de Fazil a quien respeto mucho desde sus inicios justamente por esa imaginación y libertad, el virtuosismo, la originalidad y la reivindicación de sus orígenes. Lástima que no haya reconocido que los nocturnos de Chopin (aún) no hacen parte de su idioma como pianista.





Comentarios