Número 1
Una de las cosas que me llama la atención es que en compositores de música popular muchas veces hay una especie de declive entre las primeras composiciones y las últimas, mientras que en compositores de música clásica sucede lo contrario: su música va mejorando notablemente con los años. Esto es una tendencia general y por supuesto no es completamente lineal.
Por ejemplo, en el caso de los Beatles hubo un desarrollo muy importante y una evolución desde sus primeros discos hasta los últimos como los Beatles, es decir que en este caso los últimos discos de los Beatles son inmensamente mejores que los primeros. Pero si tomamos los compositores por aparte es decir Paul McCartney o Lennon o incluso Harrison es indiscutible que lo que hicieron con los Beatles o sea al comienzo de su actividad de compositores es inmensamente mejor que lo que hicieron como solistas, creo que nadie lo discutiría.
También podría tomar el ejemplo de Pink Floyd en el que sucede más o menos lo mismo: para mí Pink Floyd tuvo un desarrollo impresionante de sus primeros discos del 67 y 68 hasta el año 75 o 77 en donde está su mayor desarrollo con los discos Wish You Were Here y Animals; a partir de ahí empieza un poco el declive con The Wall y The Final Cut. Pero si tomamos a cada compositor por aparte es decir Waters y Gilmour creo que nadie discutiría que lo que hicieron con Pink Floyd es mucho mejor que lo que hicieron al final de su carrera como compositores. A eso me refiero. Si pensamos en Rush, Rolling Stones, Iron Maiden, Marillion, Jethro Tull o los de Rock en español como Charly Garcia, Spinetta o Soda Stereo, sucede una tendencia similar.
En cambio, si tomamos los compositores clásicos más famosos como Beethoven o Mozart sucede exactamente lo contrario. En el caso de Beethoven, sus últimas composiciones como la novena sinfonía, la sonata para piano número 32, el concierto para piano número cinco, el último cuarteto para cuerdas, etc., nadie dudaría que estas son composiciones mucho más elaboradas y más relevantes que todo lo que hizo al comienzo o en el medio de su actividad como compositor. Y lo mismo sucede con otros compositores como Wagner, Bruckner, Brahms, o cualquiera de los compositores importantes de música clásica: sus últimas composiciones son más relevantes, elaboradas y en general mejores que las primeras.
Entonces en el caso de músicos de música no clásica, en sus primeras composiciones es como si surgiera una creatividad que había estado escondida por años y que desarrollan en sus primeros discos, pero luego no tienen tiempo, diría yo, de reencontrar nuevamente. En compositores de música clásica en cambio parecería que su creatividad va aumentando a medida que pasan los años y yo creo que encuentran una especie de disciplina o de técnica de composición que les permite desarrollar aún mejor esa creatividad que ya tenían antes de sus primeros años pero que va evolucionando.
Dicho esto, me llama poderosamente la atención que en el caso de varios compositores de música clásica paradójicamente me fascinan justamente las primeras composiciones, que en muchos casos no corresponden a composiciones de juventud como tal, explico más adelante. En otra entrada mencionaba que los compositores posteriores a Beethoven componían unas primeras sinfonías de muy alta calidad justamente a causa o por culpa, decía yo en esa entrada, de Beethoven, porque efectivamente Beethoven puso la vara muy alto y esos compositores no podían salir con cualquier cosa sencilla, entonces había una exigencia importante.
SINFONÍAS
Efectivamente hay unas “primeras” composiciones de varias compositores que me acompañarán siempre. Quisiera mencionar algunas de las primeras sinfonías que siempre me acompañaron desde que las conocí. La más impresionante de todas es la primera sinfonía de Bruckner, que me parece absolutamente genial y siempre estoy dispuesto a oírla, a diferencia de otras sinfonías de ese compositor que me parecen muy elaboradas pero que muchas veces, o tal vez como consecuencia, no estoy dispuesto a oír. Mientras que la primera siempre me encanta oírla. Ese comienzo, como esa declaración inicial, me parece increíble. Mi referencia para la primera de Bruckner sigue siendo Jochum al frente de la Staatskapelle de Dresden, me transporta.
Reconozco también otras versiones como la de Abbado o las múltiples de Barenboim.
Aunque este es el caso más notorio en sinfonías, también debo mencionar otras.
Está la primera de Brahms que siempre prefiero oír por encima de las otras tres. En este caso mi referencia hasta hace unos cuantos meses era la versión de Karajan al frente de la filarmónica de Berlín de los 70’s.
Ahora creo que la versión de Andris Nelsons al frente de la orquesta sinfónica de Boston podría superarla.
Me encanta Klemperer, Barenboim, Rattle, Bernstein y varias otras. Esta sinfonía es realmente un best of de la música clásica y por lo tanto varias versiones son excelentes.
También está la primera de Vaughan Williams, A Sea Symphony, que claramente prefiero oir por encima de las otras ocho. La versión de Boult sigue siendo mi referencia, pero también me encanta la más reciente de Hickox en SACD.
Otra impresionante es la primera de Sibelius que prefiero por encima de las otras 6. Me encanta Rattle en este repertorio, sea en Birmingham o en Berlín.
La primera de Elgar me parece superior a la segunda así como la primera de Beethoven también me parece superior a la segunda. Esto ya lo comenté en una entrada anterior, como lo había mencionado.
Dvorak es un compositor especial en la medida que no pertenece a la misma liga que Beethoven, Brahms, Bruckner o Wagner. Sin embargo, hizo unas obras realmente exquisitas como su concierto para violín o la novena sinfonía, la del nuevo mundo. Pero su primera sinfonía, titulada las campanas de Zlonice, siempre me ha fascinado. Y pues es una obra muy poco interpretada y grabada. Según entiendo, Dvorak no tenía ningún complejo a la hora de escribir, no pensaba en estar a la altura de la novena de Beethoven, como otros que sí lo hacían, y yo creo que esta visión fresca, casi ingenua y sin complejos se nota en esta primera sinfonía. Mi versión de referencia es la de Rafael Kubelik con la filarmónica de Berlín.
Hace no tanto, descubrí la versión de Belohlavek al frente de la filarmónica checa. Me encanta también. Creo que ambas versiones capturan este ambiente checo, un poco campesino.
La primera sinfonía de Mahler no siempre me atrapó, prefiriendo la segunda. Recuerdo que mi amigo Miguel en Lyon me decia que a él de Mahler le gustaba era la primera, y yo no entendía. Cuando me fui de Lyon, le dejé todas las sinfonías de Mahler grabadas en CD, con la esperanza que recapacitara, porque cómo iba a preferir la primera frente a las otras. Pero en los últimos años la balanza se ha inclinado hacia la primera. Me parece menos pesada, menos exigente que todas las otras, y por lo tanto hoy la oigo mucho más que las otras. Ahí los movimientos extremos (inicial y final) son increibles, como mágicos. Pero también está la canción infantil Frere Jacques convertida en marcha fúnebre impresionante. Mi versión de referencia es la de Bernstein (DG), pero muchas otras me atrapan, como la de Abbado y la de Boulez.
CONCIERTOS PARA PIANO
Pero más allá de la sinfonías, quiero detenerme en aquellas composiciones numeradas como las primeras de una serie de algunos compositores.
Si pensamos en los conciertos, considero el primero de Brahms como inmensamente superior que el segundo así como el primero de Chopin y el primero de Tchaikovsky. En este caso no es tan impresionante porque sólo estamos hablando de dos, o tres en el caso de Tchaikovsky, conciertos para piano. De hecho creo que muchos compositores estaban conscientes de esto y por eso no pasaron de su primer concierto, como es el caso de Schumann o de Grieg.
Volviendo al primer concierto para piano de Brahms, mi versión de referencia hasta hace no tanto era la de Pollini con Bohm y las orquesta filarmónica de Viena.
Sigue siendo una referencia para mí, pero la grabación de Barenboim y Dudamel me mueve mucho más, en especial en el movimiento lento que parece como improvisado y muy acuático.
Hace no tanto oí la versión de Arrau acompañado por Carlo María Giulini y la Philharmonia Orchestra. Es una versión increíble, perfecta, que además está en alta resolución en Qobuz.
Para el primero de Chopin, mi referencia es la segunda grabación de Samson Francois, en stereo. Fue la primera grabación de ese concierto que conocí y representaba el ideal de cómo debía ser, incluido la libertad de tempo que se toma Francois en la entrada del piano luego de la larga introducción de la orquesta.
Por alguna razón, cada vez que pienso en ese concierto también pienso en la versión de Barenboim acompañado por Nelsons, cuando “le prestó” su orquesta, la Staatskapelle de Berlín. Sin duda una de las mejores versiones recientes, disponible además en video.
PIANO SOLO
Si pensamos en las sonatas para piano, la primera de Beethoven siempre me ha acompañado. Con respecto a esto puedo decir que fue Pollini el que me hizo caer en cuenta de lo grande que es esta primera sonata de Beethoven, al publicar (por fin) su ciclo completo de sonatas para piano de Beethoven.
Increíble ciclo que empezaba con esta declaración que es la primera sonata. Luego de eso pasé a ciclos de otros pianistas, pero siempre me fijo en la primera como un indicador de calidad. En este caso no considero la primera mejor que otras, porque Beethoven tuvo un desarrollo increíble como compositor, lo cual se refleja en el ciclo de sonatas, y por supuesto las últimas son mejores, creo que nadie lo dudaría. Pero en Beethoven lo primero siempre es extraordinario, como su primer concierto para piano, mejor que el segundo, o su primera sinfonía, mejor que la segunda.
El Primer nocturno de Chopin es exquisito. Recuerdo que el disco de Jacques Loussier, una versión Jazz, me lo explicó.
Es como si me hubiera hecho caer en cuenta. Y luego me dediqué a explorar los nocturnos de Chopin por diferentes pianistas clásicos, pero el primero siempre me marcó mucho más. La versión de Barenboim es mi versión de referencia, pero hay muchas otras que adoro, como la de Rubinstein, la de Pires, la de Planes en un Pleyel de 1836, la de Fliter,...
Conozco muchas grabaciones que me encantan pero la de Barenboim me sigue pareciendo la mejor. A propósito hace poco Alice Sara Ott publicó un discazo con los nocturnos de … Field, sobre los cuales se dice que Chopin basó los suyos. Yo conocía la historia y tal vez había intentado oír alguna grabación, pero este disco realmente me encantó.
OPERA
El holandés errante de Wagner es también un fenómeno de esos que entran en la categoría de número 1. En este caso, no es la primera opera que compuso Wagner, puesto que ya había compuesto cuatro operas de juventud, entre las que se incluye Rienzi, que es su opera de juventud más famosa. Sin embargo, la primera de madurez es el holandés. Recuerdo mucho el primer impacto cuando la descubría, nunca había oído eso del cromatismo tan en primer plano ni tan bien logrado. Es que uno prácticamente ve las olas, gracias al cromatismo claro, porque no hay nada más cromático que una ola. Creo que eso es mucho más evidente en esta ópera que lo de los Leit motiv, que aún no parece haber refinado totalmente. Y no es que considere esta ópera mejor que sus operas posteriores, porque es que todo lo que hizo Wagner fue realmente increíble y sobre todo lo último que compuso. El Ring es una genialidad sin precedentes y nada posterior en la historia de la música se le acerca. No estoy exagerando. Pero el holandés errante es una opera que siempre quiero volver a oír, asi no sea tan genial como las posteriores. Hay algo ahí que me atrapa, puede ser el inicio, la tormenta, o la historia, o que no es tan larga como las demás y entonces no me cuesta oírla. Hay muchas versiones increíbles, pero la de Klemperer es mi referencia.
En video solo conozco la de Nelsson, pero me parece un acierto, sobretodo por ese énfasis en el aspecto psicológico.
Tuve la fortuna de verla en el 2017 en Berlín por Runnicles y en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá el 19 de febrero pasado en la que parece fue el primer montaje de esa ópera en Colombia. Iba muy prevenido por un montaje demasiado moderno, pero me sorprendió la semejanza de la escenografía del argentino Marcelo Lombardero con el montaje que conocía del video, por supuesto mucho más tecnológico.



































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